Supuestas palabras de bienvenida...

Te invito a que pases y leas, a ver si hay algo que te despierte una emoción y quizás que la quieras comentar.

12 dic. 2017

Thoell Mantogris, primera parte de la Batalla de la Costa de Aer

Ya habían caído tres barcos menores de los elfos y habían tenido que abandonar uno.

El barco de bombarda último en la formación se sacudió bruscamente a lo lejos. Tal cómo estaba planeado en su mente, Thoell estaba apunto de bajar la mano con su seña de disparo, dispararía a la parte inferior del galeón aliado, y la maniobra les costaría un barco importante pero podrían regresar, salvar a la tripulación y seguir bombardeando contra...

Pero se equivocó... el dragón negro no atacó el casco desde las profundidades cómo hizo con los otros si no que emergió de la popa de la nave lanzando un chillido espeluznante y ensordecedor, esos segundos se hicieron eternos.

A través de la distancia, de hombres, mástiles y velas, Thoell pudo ver al dragón abrir su terrorífica boca y lanzar su aliento cómo niebla que deshizo madera, tela y carne por igual... Al mismo instante el cuerpo entero de Thoell sintió un oleaje, la fuerza misma del dragón al salir del agua había provocado una ola que sacudió el galeón de Thoell, su bombarda que apuntaba hacia el casco aliado ahora apuntaba su mira hacia el medio del barco... a través de elfos y humanos agonizantes... Y al dragón...

No hubo duda, sólo la certeza más grande del mundo en ese instante en el que bajó su mano y gritó a todo pulmón "¡Ahora!". Sus artilleros no cuestionaron o no entendieron lo que intentaba hacer, y la bombarda rugió. En un espectáculo de astillas, sangre y fuego, el golpe atravesó todo encima de la nave; marineros, arqueros, mástiles; y dio de lleno al cráneo del dragón... En inimaginable resplandor de destrucción, la gran cabeza del dragonizo se vio rota y deformada en ángulos quebrados y cayó dando un golpe seco en la llameante popa. El fuego siguió, perdiendo cualquier visión de algo o alguien encima del galeón...

Una sonrisa de furia y perversa satisfacción apareció en su rostro, "El dragonizo cayó... La temible amenaza del cuál el estúpido avatar de destrucción y muerte nos advirtió vendría... No será el único, pero es el primero en caer ante mi...... Ante nosotros..."

Thoell parpadeó varias veces y observó a Sarah, horrorizada... Ella le reclamó cómo podía él hacer algo así a sus hombres...

"Esos hombres estaban ya muertos, agonizantes y destrozados" respondió Thoell furioso con lo que el dragón lo había forzado a hacer, y vio a Sarah a la perfección en la noche iluminada por una luna que iluminaba cómo el día mismo, vio cada detalle en ella, su expresión al verlo a los ojos... "Mira! Mira los barcos delante nuestro, ellos están vivos gracias a nosotros! Lo que ves atrás es lo que pudo haber sido de ellos y de ti, si dejábamos a ese monstruo con vida..."

Entonces Thoell escuchó lo mismo que todos en la flota... En la costa tomada del enemigo, muchas alas se levantaban al cielo, muchos cientos de rugidos, ¿miles? Pero nadie vio todo cómo Thoell... A pesar de la luna llena, no debería haber sido tan nítido, nunca había visto en la obscuridad con tal claridad... pero no fue lo importante para él, a lo lejos vio tantas criaturas y bestias aladas del ejército enemigo que no existía posibilidad de hacer otra cosa más que retirarse, vio a una figura encapuchada liderar esa carga.

Le informó todo lo que vio a Sarah... pero la joven comodoro ya no parecía estar al control de la situación cómo antes la viera y, ante sus ojos, se veía pequeña y frágil, indecisa... Thoell fue el primero en dar la orden de retirada y fue a Popa para seguir viendo al ejército enemigo en las costas, se imaginó que reirían y vitorearían ante su escapada de los alados enemigos... Rabia se centró en su interior de tal forma que destrozó la madera del barandal entre sus manos... "No... No sería así... Yo reiré.. el sacrificio de tantos no será en vano..." Thoell rugió órdenes de bombardeo constante a las fuerzas enemigas hasta estar fuera de rango... "Qué los malditos tengan pánico de nosotros hasta que nuestras naves se pierdan de su vista... que ver nuestras velas sea señal de terror más grande que el látigo que los azota a avanzar..."

Thoell dio órdenes de fijar rumbo a la desembocadura del río Boca de Oso, ahí esperaría su siguiente turno, dejaría a los heridos a manos de las sanadoras y volvería al mar, ahora era el turno de Aer, él tendría que soportar esta carga en la costa que Thoell insistió debería ser renombrada en honor de su amigo, "Costa de Aer tiene mucho sentido, tanto si esta táctica suicida nos sale bien cómo si mueres en el lugar" había bromeado Thoell entonces.

Thoell se marchó a su habitación en el galeón... Se manejó con agilidad en la oscuridad, las luces se mantuvieron apagadas en los barcos... Thoell sintió un cambio o varios en sí mismo... Su mover era ligero cómo nunca lo había sentido antes, en sus manos sentía un poder desconocido... sus ojos veían ahora en la obscuridad de una forma extraña y peculiar, pudiendo distinguir detalles cómo si fuera de día...

"Asesiné a un agente del mal... y la naturaleza me ha recompensado."- dijo por lo bajo solo en su habitación.



Nota: Historia escrita a partir de hechos ocurridos en sesión de rol.

31 jul. 2017

Traducción: Extractos de las Notas de Guiseppe, Ravenloft: The Created

N/T: Traducción para DM/Jugadores de habla hispana, bastante vital para jugadores que no sepan inglés.

Extractos de las notas de Guiseppe

¡He creado a un hijo! No importa que esté hecho de madera, tela y pintura; él es mi hijo. Lo he llamado Figlio. Él no es cómo las otras marionetas. Él puede caminar y hablar por si mismo ¡Estoy tan orgulloso!

Figlio me ha rogado que le haga unos amigos. ¿Cómo puedo rehusarme? Extrañamente, ellos no son cómo él. Ellos se mueven y hablan, pero son planos y sin emociones, cómo muñecos y no niños. Figlio parecía decepcionado al principio, pero lo superará, estoy seguro. Él es un buen pequeño niño.

Figlio se ha lastimado gravemente hoy. Dos perros lo han partido por la mitad. Usé algo de pegamento e hilo para poder repararlo como si estuviera nuevo.  Sin embargo, le he dicho que tuviera más cuidado cerca de la chimenea. Si él se llegara a quemar muy gravemente quizás no pueda ser capaz de repararlo. Sospecho que el fuego es lo único que puede dañar realmente a mi pequeño niño.

He descubierto un terrible secreto. Los amigos de Figlio son todos niños malos. Han robado agujas de plata de la platería. Ellos pinchan las agujas y paralizan sus miembros. Figlio y sus amigos me han forcejeado al piso y usaron sus agujas para inmovilizar mis propios miembros. A mí no me importa. Los niños jovenes necesitan jugar con algo de rudeza con su padre. Ellos nunca me lastimarían realmente. Figlio incluso estancó una aguja en mi cuello. En ese momento se enojó muchísimo, y dijo "¿Por qué no puedo controlarte?" ¡Oh, ese bromista! Es realmente mi orgullo y mi alegría.

Figlio ha sido un mal chico. Ha capturado a un adulto y puso su mente en el cuerpo de uno de sus juguetes de madera. ¡Oh, qué travieso! Figlio dijo que la única manera del hombre para que escapase era empujar una aguja de plata al cuello de su verdadero cuerpo. Entonces cambiar mentes nuevamente. Lo envié a su cama sin su cena por ser tan malo.


Estoy preocupado por Figlio. No es feliz muy seguido. Anoche en el show él le dijo a sus chicos que capturaran a todos los padres en el teatro. Los pequeños niños de madera cargaron los cuerpos de los adultos inmovilizados mientras Figlio y yo entreteníamos a los niños. Figlio dijo que era realmente la mejor manera. Nosotros podremos encargarnos de los niños de mejor manera que los padres podrían. Él también se cambió su nombre a Maligno, declarándose gobernante de Odiare. Figlio dijo que, cómo gobernante de Odiare, nadie podría irse a menos que lo mataran primero. ¡Ese niño tiene una imaginación! Él quiere que lo llame Maligno, pero él siempre será mi Figlio. Tuvimos que dejar el teatro rápidamente cuando unos hombres malos en armadura aparecieron y trataron herir a Figlio. Figlio dijo que tenía que capturar a estos hombres malos. Desearía que él no jugara a sheriff y ladrones tan seguido. Espero que esos hombres malos no lastimen a mi pequeño niño.

30 jun. 2016

Diario de Paladín

Es bastante tarde, muy tarde en la noche y escribo para tranquilizarme, en la mañana marchamos de Ventormenta a la Abadía de Villa Norte, al norte de Villa Dorada. Aunque el Bosque de Elwynn está plagado de criaturas y bandidos en éstos tiempos, me sorprende que las criaturas hayan pasado las murallas que dividen el Bosque y la Abadía, parecen necesitar toda la ayuda posible, incluso si esa ayuda somos los mal entrenados nuevos reclutas del Ejercito de Ventormenta, tendría más confianza si fuera con otros paladines, pero, o ya han salido meses antes que yo, o aún son considerados muy jóvenes para atender el llamado de la batalla.
Supe por medio de un maestro que entre los cinco de nosotros, iría un mago de mi mismo rango, es extraño pensar en un mago de esa forma, cómo un novato, para mí ellos siempre han sido estos místicos y poderosos señores que pueden conjurar poderosos hechizos, pero con tantos de ellos yendo a proteger nuestras fronteras con el resto del Ejercito de Ventormenta es normal que entrenen a los pequeños en las artes arcanas. Ahora recuerdo, cuándo era más pequeño junté valor suficiente para preguntarle a uno de estos hombres sabios, por qué los magos no han ganado la guerra, por qué dejan que los hombres comunes marchen al frente de la batalla si ellos poseen estos increíbles y temibles poderes... El mago superior, me miró fijamente con sus ojos grises, y por un momento temí que me fuera a convertir en una alimaña o un cordero, pero me esbozó una casi imperceptible sonrisa antes de responder: "El enemigo también cuenta con el poder de la magia, incluso con poderes que nosotros no habíamos ni visto, ni olido." Al escuchar esto tanto me entristeció cómo me sentí un tonto, pero la última palabra me sacó un poco de balance. ¿La magia se huele?
De los otros reclutas no conocía demasiado, una de ellos tenía una polilla bastante... grande, supe que manejaba una ballesta. Una decendiente de los cazadores draenei supuse.
Otro era un enano, lo vi a lo lejos una vez entrenando con los guardias del Ejercito, se supone que era joven, pero tenía una barba más larga que muchos adultos de Ventormenta, cómo podía manejar una espada con un cuerpo más pequeño estaba fuera de mi entender. Un sacerdote novicio era quién completaba el grupo, un prodigio tengo entendido, era el único a quien tenía bien definido de vista, lo veía seguido orando por la Luz, su convicción rivalizaba a la de nuestros paladines.
Veo por la ventana que las luces de la Ciudad se apagan poco a poco dentro de casas y negocios, pronto sólo quedarán las luces de las calles y de las antorchas de los vigías. Yo también tendré que descansar ahora, dentro de unas horas estaré subiéndome a una carreta hacia la Abadía.

26 mar. 2016

Escenas de Cariño 3

Todavía faltaba un rato para que obscureciera, pero el proyecto estaba terminado y no había tiempo para empezar cómodamente con el siguiente, ni mucho menos terminarlo. De a poco fui levantando las herramientas de la terraza y las guardando adentro del taller, dejándolas en los lugar de siempre, el Sol ya no pesaba cómo al mediodía y a pesar de que el trabajo en la herrería me hacía feliz, también estaba contento de salir antes a mi casa. Terminé de arreglar todo, y cerramos las entradas, el herrero iba a esperar un rato más para salir a buscar a su mujer, así que me despedí con un simple hasta mañana. Salí del taller, y bajé las escaleras pasando por el restaurante que era el piso inferior. Hacía mucho que había perdido la vergüenza de salir a la calle desprolijo, con mi overol manchado de pintura, óxido y mi cara con cenizas y sudor. De alguna manera era orgullo lo que sentía en esos momento de cada una de esas manchas, saliendo con una sonrisa al pensar en los proyectos terminados con éxito, de cada corte, lijada, pintada y soldadura que había hecho en el día.
Pensé en caminar a mi casa considerando lo cerca que estaba, pero no tenía demasiadas ganas de recorrer el camino, demasiado peso ya había llevado para caminar, por esta vez podría usar el camión. Me coloqué mi gorra blanca sobre mi cabello castaño oscuro ahora rígido por el sudor y tierra, única cosa aparte de mi billetera, celular y auriculares enredados que llevaba en mis bolsillos delanteros, y empecé a moverme y desenredar los audífonos.
Llegué a la parada del camión, apenas enfrente del restaurant y la herrería, miré arriba y vi en la terraza los trabajos demasiado grandes para poder meterlos al taller por la puerta, se tendrían que sacar por enfrente en el estacionamiento del restaurant, y con cuerdas, sin duda. Por fin me pude colocar los aparatos a mis oídos y puse una canción en mi celular sin prestar demasiada atención a qué sonaría en aleatorio.
El camión llegó al tiempo que una corta canción de rock empezaba, pero iba casi a vuelta de rueda, desde el primer escalón empecé a lamentarme lo que tardaría, quizás no fue mi mejor apuesta...
Pagué mi boleto, y miré el interior, "y ni siquiera viajaré sentado..."-pensé de inmediato al ver gente llenando todo el fondo del camión. Me moví unos pasos hacia el espacio libre para sillas de ruedas, único lugar donde no me estarían empujando cinco personas todo el tiempo. De nuevo, empezando a frustrarme de mis malas decisiones, y con una pequeña sonrisa irónica por mis leves penas. Sin más preocupaciones presioné mi mano sobre un tubular de acero inoxidable, ¿serán tres pulgadas?¿cuánto será el grosor 1/16? Fijé mi vista en la soldadura que lo unía a otros tubulares, la pintura simplemente recubrían la escoria, y el excedente se notaba como una impureza de la piel sobre el metal... Contuve una pequeña risa al darme cuenta de que estaba juzgando un pedazo de acero y el descuidado trabajo de quién lo haya soldado, moví la mirada hacia la gente en el fondo del camión; alguien se movió, y de entre todas las caras ausentes, serias y grises, vi una sonrisa, y de la sonrisa seguí a ver el movimiento del cabello rubio de su dueña.
La luz que entraba por la ventana al ángulo adecuado, le daba un brillo a su cabello que parecía celestial. La muchacha, rubia, con unos ojos azules que brillaban notablemente a pesar de los sus tres asientos de distancia, con piel blanca y hermosa, estaba haciendo la mímica de un canto alegre, movía la cabeza de lado a lado y su cabello bailaba de un lado a otro de su campera azul. movió su cabeza de arriba a abajo, y su flequillo largo le tapó su cara, pero no tardó en recorrerlo con sus manos que hasta entonces estaban haciendo el ritmo de una batería. Esa energía en medio de todo el gris alrededor de ella, era impresionante de observar. No pude evitar seguir viéndola, hipnotizado, en algún momento la canción que sonaba en sus auriculares paró, y ella igual siguió sonriendo. Empezó a mover sus labios apenas rojizos de forma más lenta, y siguió moviéndose aunque de forma un poco menos frenética que antes.
De un segundo al otro ella movió sus ojos hacia mí. Y yo la miraba fijamente, y sonriendo. Mis ojos se abrieron en sorpresa y rápidamente bajé mi vista y oculté mis ojos por debajo de la visera de mi gorra, completamente apenado. En un segundo levanté apenas mi cabeza para observarla, ella estaba ahora un poco sonrojada y sonrió brevemente mientras miraba hacia el suelo y hacia el lado contrario de donde yo me encontraba. Siguió cantando, y haciendo su pequeño baile mientras el color de la sangre seguía acumulándose en sus mejillas. Apenas pude contener una risa, pero el movimiento quedó completamente registrado por ella, que volvió a sonreír ligeramente mirando al frente, sin verme directamente. La miré plenamente ahora; desafiante, y ella me miró sin dejar de sonreír. Ahí perdí mi propio reto, para mi verdadera sorpresa; tuve que ocultar mi vergüenza de que me viera debajo de mi visera de nuevo... Y de inmediato me di cuenta del horrible atuendo que llevaba, mi overol manchado, mi cara con tierra. Llegué a darme cuenta, "no está apenada, se está burlando de la visión que doy". De inmediato sentí vergüenza, pena y tristeza. Volví a verla, y ella tenía la mirada baja como yo recién, y seguía sonrojada. "Quizás no sea así"- pensé de nuevo sonriendo.
Seguimos con lo mismo, idas y venidas de miradas, aun sin animarme a hablarle, cuando miré brevemente afuera... la siguiente era mi parada. Ella había dejado de cantar y bailar, sólo seguía con nuestro juego de miradas.
"Fuck it."- pensé, mientras dejaba mi bajada atrás. Mi respiración se dificultó considerablemente, realmente era un locura ir así, tan horrendo como estaba y querer hablar con ella. Por otro lado, tenía curiosidad por saber qué es lo que estuvo escuchando todo este tiempo. Di un paso hacia el pasillo, ya varias personas habían bajado para mi sorpresa, ni siquiera lo había notado y el asiento al otro lado del pasillo de ella, estaba disponible. Retiré un auricular de mis oídos y ni siquiera sabía que decirle, y mi mente empezaba a blanquearse más.
Me senté y la miré. Ella me devolvió la mirada, sonriendo y pestañeando. "¿Qué estará pensando? ¿Y si mal interpreté todo? ¿¡Qué estoy haciendo!?"
"Hola."-Dijo ella, siendo la primera en hablar, desconcertado yo por no haber tenido que decir nada primero... ¡Qué decir ahora! ¡No puede ser  "Hola" si ella ya lo dijo! ¿Buenas tardes? ¿cómo estás? ¿Qué onda?
"Hola, ¿Qué tal? Me llamo Matías."- Bueno, es el primer paso, supongo, ¿y ahora?
"¿Qué onda? Yo..."
"Me preguntaba si vos..."
Dijimos al mismo tiempo ambos...
"No, ¡Habla! ¿Qué ibas a decir?"- le dije, y ella rió un poco antes de contestar:
"Me llamo Clara, lo siento, ¿Qué ibas a decir?"-respondió ella, sin dejar de sonreír y mirarme directamente a los ojos. Yo me volví a poner nervioso por su fija mirada en mí.
"Bueno, ahora me preguntaba qué es lo que estuviste escuchando todo este tiempo, Clara"- Le dije, manojo de nervios notables en el timbre de mi voz.
Ella respondió, y luego yo, seguimos con nuestra charla por un rato, me pasó su número, y le dije que mi parada había pasado hacía veinte minutos, yo reí diciendo que valió la pena, pero ella se rió más, se pasó un dedo a los labios, mientras pensaba que otra cosa preguntar.

20 jul. 2015

El Demonólogo, parte 1

El Demonólogo tocaba el piano en su estudio, maderas oscuras cubrían las paredes de éste, absorbían la tenue luz de la lámpara de pie en la esquina.
Su escritorio también de madera oscura, se mostraba inmenso lleno de libros y numerosas ilustraciones de criaturas bípedas y cuadrúpedas; dientes, espinas y garras se mostraban a montones en las bestias de pesadilla.
El Demonólogo presionaba las teclas de forma constante, sólo ocasionalmente daba una minúscula pausa, o tocaba una nota errónea. Cada vez más iba avanzando su velocidad e iba mejorando en las imperfecciones.
Lo iba calmando y lo distraía de los horrores de los últimos días, se lamentaba de saber que no lo olvidaría y antes de dormir sabía lo que sucedería en sus pesadillas. Pero ahora su melodía lo ayudaba.
Cada día era una reafirmación del por qué de su misión, sabía que quizás no lo vería completado, el origen de las monstruosas aberraciones seguía oculto, las teorías de aquello no se podían probar, unos seguros de una entrada al Infierno, o incluso, una sacrilegiosa madre progenitora de demonios.
La canción terminó y empezó a buscar otra partitura en las páginas que tenía enfrente. Buscó con sus dedos las teclas lentamente, tratando de memorizar las siguientes notas.
Considerando su profesión, y su dedicación a ésta, su fe no era particularmente establecida, para él la lucha no era una cuestión de creer, las presencias demoníacas se manifestaban en las acciones, las emociones, y, en las peores ocasiones, podían verse a simple vista tal cual eran, deambulando la oscuridad, escalofriantes y temibles, el Demonólogo sabía que ver las criaturas de brillantes pieles de color sangre era el recuerdo doloroso de que acababan de alimentarse y buscaban una nueva víctima, un alma perdida nueva que no podría ser salvada, un esclavo más para El Señor Oscuro; almas que fueran suicidadas, asesinos, violadores, viciosos, adúlteros; y allí las criaturas responsables.
Tenía más razones para creer en el Diablo mismo, que en Dios. Él había visto tantos demonios, tantos caídos ensangrentados, y tan pocos milagros, tan pocas cosas que tranquilicen el corazón o lo alegren.
Dios, decía él, o no es tan poderoso como creen, o no le interesa ya la humanidad, dejándola a su suerte contra el ejército del Mayor Caído, solos con los pocos ángeles que no le dieron la espalda al hombre, escuchó una vez. Si los ángeles existieron o si aún continúan entre los mortales, el Demonólogo, nunca los había visto.
La última canción de la noche empezaba a sonar, un ritmo lento, somnoliento, el reloj de la pared daba las 22 horas de la noche y la melodía lo ayudaría a acercarse al sueño sin despertar a las bestias del recuerdo que ahora dormitaban en la lejanía del subconsciente. Diez minutos pasaron, cuándo finalmente se levantó de su asiento y caminó a su habitación a través del pasillo oscuro, cortinas cerradas no dejaban entrar la luz de la Luna, sus escaleras de madera rechinaron, midió sus pasos mientras subía, nunca prendía las luces por la noche cuando iba a su habitación, y llegado  cerraba la puerta detrás de él. La frescura de la habitación era exquisita, su camisa fue puesta en la silla del escritorio, más pequeño que el que tenía en el estudio, de metal y se hallaba igual de retacado, no de ilustraciones, pero carpetas llenas de papeles modernos con títulos del estilo "posesión en hospital psiquiátrico" o "suicidio sospechoso en suburbio", eran comunes.
Un calendario se encontraba enfrente, colgado, y una marca en un sólo día del mes, decía que debía verse con un arqueólogo muy pronto.
Supuestas reliquias religiosas aparecían cada semana. Sólo la punta de la lanza que hirió a Jesús se ha visto y desenterrado al menos una vez cada mes desde hace 20 años. Los más originales de estos arqueólogos dicen que la habían encontrado en América, movido por ángeles durante la conquista española, que fue ésta la que le dio la victoria a los Conquistadores. El del calendario no sonaba tan falso cómo los demás, aunque quizás el hecho de que el Demonólogo hubiera exorcizado un demonio de él hace años tuviera algo que ver con su interés por un artefacto desenterrado.
La posesión dejaba a la víctima con todos los recuerdos y toda la culpa, y en muy extraños casos, con recuerdos que no eran suyos, de ataques anterior o de la criatura misma; verse a sí mismo siendo atacado por ti, a través de los ojos de una bestia sedienta de sangre, tu sangre y tu sufrimiento, era tortura misma. Incluso luego del exorcismo la persona puede perder la cordura por sus propios pensamientos, un último regalo de un demonio maldito para quién sirviera de alimento. ¿El Arqueólogo pudiera quizás tener una memoria de la bestia que le ayudara encontrar un artefacto legítimo? Dudable, pero merecía el tiempo de ser investigado. Si era otro pedazo de la Santa Cruz para agregar a los diez kilómetros de “Santa Cruz” que ya se han escarbado, la iglesia quizás debería tener que excomulgarlo por matar al fraude.

5 may. 2015

Escenas de Cariño 2

No debía llegar tarde, no después de tantas veces que le había fallado, no en un momento tan importante e irrelevante. Le quería demostrar en lo más sencillo lo más complicado de mi sentir. Miré el reloj, aparentemente estaba a tiempo para verla, y, de hecho, también sorprendido de lograrlo.
Luego de una serie de conversaciones cortas y largas, interesantes y absurdas; ella había dicho que sí a vernos de nuevo, esta vez algo era apenas diferente, indefinible; era como siempre y como nunca. "Un romántico de lo peor" me había llamado, y tenía razón, ella era lo opuesto a mí en eso, y muchas otras cosas.
La vi, mirada hacia abajo al celular entre sus manos, quizás esperando un mensaje mío que dijera que estaba apenas saliendo y llegaría tarde, quizás esta sea un sorpresa mayor, aunque tales pensamientos son tan exagerados. Ella estaba sentada en una de las mesas del centro comercial. No mostró sorpresa cuando subió la vista, debo decir que quizás me decepcionó ligeramente. Me vio acercarme, pero no  hizo esfuerzo de levantarse, ni recibirme. Me acerqué más, la estreché en mis brazos, y la beso en la mejilla. Me devolvió el beso sin demasiadas ganas.
Se sentía bien tenerla cerca de nuevo, pero la solté y me alejé el paso y medio rutinario. Le sonreí, y ella puso los ojos en blanco, ambos sabíamos que le iba a preguntar y ella responder, incluso que iba yo a decir en contra, pero se levantó antes de empezar la conversación.
Nos dimos las típicas palabras de saludo, no realmente necesarias, pero aun no las podíamos sacar de la costumbre. Las siguientes fueron para acordar pasear por un rato.
A los pocos pasos, saqué los chocolates que había comprado poco antes y se los dí, sabía que le gustarían, sonreiría, un poco más para ella que para mí, sintiéndose un poco más feliz y poco a poco en el día olvidaría los días de estrés anteriores y las decepciones.
A los minutos, luego del primer, segundo y tercer chocolate, continuamos con las conversaciones que dejamos antes en la red, sobre las personas que estaban en todos nuestros días y las que no estaban más también, bromeando de la gente a nuestro alrededor. Aun así todos los problemas parecían lejanos con ella cerca, se sentían mucho más livianos al oírla reír, todo más brillante y claro cuando soltaba sus ácidos comentarios y sarcasmos e ingeniosas argumentaciones.
Quise mucho abrazarla, me contuve. Quise recitarle poesía, no lo hice. Quise tomar su mano, y esperé.
¿Cine o paseo? ¿Comer en alguno de los lindos lugares de alrededor o tomar un café a sobreprecio?
Al final de la buena tarde, con la caída de la noche, se acercaba el momento de despedirse, pero no aun al menos. Tomo su mano, entrelazando nuestros dedos, lo más cercano que estuve de ella desde que la tuve entre mis brazos al saludarla, a ella ahora, no parecía importarle y luego de un rato más de estar paseando en la noche, fuimos a sentarnos a una banca, estábamos callados ya, pero el silencio no importaba, y las palabras no se sentían obligadas a salir, cómodos cómo estábamos.
Nos soltamos las manos, pero seguíamos cerca, le rodeo los hombros con un brazo, y me acerco a darle un beso en la mejilla tácitamente permitido, y, de inmediato, le doy otro, el segundo sólo lleva a una conclusión. Espero su enojo con una sonrisa, y no tardan en llegar las palabras envenenadas. No hago nada que no sea quererla un poco más. La abrazo con ambos brazos y la atraigo hacia mí, para que se acueste en mi hombro, en una situación que es un sueño para mí, no lucha por quitarse, quizás si sea un sueño y sonrío, quizás no deba de pensarlo mucho o podría despertar.
Mi mano busca la suya y la acaricia, mientras recuesto mi mejilla en su cabello y cierro los ojos, sabiendo que dentro de poco tendría que irse, aprovechando cada instante.

4 may. 2015

Escenas de Cariño 1

   -Quiero saborear el tequila de tu boca- le dije.- Quiero embriagarme con tus besos.
   El vino de la cena ya nos había, o al menos a mí, pegado algo de su felicidad. Estábamos en su habitación, ambos reíamos, y, luego de cinco tragos de aquel tequila que sacó de un cajón, la iniciativa a la lujuria empezaba a ganarle terreno a la timidez en mi cabeza. Solté esas palabras sin pensarlo o, mas bien, mientras lo pensaba. Ella tomó el trago que apenas terminaba de servirle, sin esperar a que yo llenara el mío. Me quedé viéndola, mientras tomaba, hizo su cabeza hacia atrás y me puse a ver su cuello terso, blanco y de aspecto delicioso. Bajó su brazo, pero se quedó mirando el techo como esperando. Llevé mi boca a ella y fui besando y mordiendo su cuello, ella gimió muy suavemente, me agarró de los hombros y me apartó despacio. Su rostro quedó enfrente mío. Aproximó sus ricos labios a mi oído.
   -Te daré todo- me dijo, y siguió una pausa.- Sólo para con eso de ser poeta... Al menos por ahora.
   Acto seguido, me abrazó empujándome hacia su cama. Me besó y pude sentir sus suaves labios en los míos, sentía como sus manos pasaban a quitarme la camisa.

11 ene. 2015

La Carta

La razón por la cuál quiero escribir esto, es que necesito ventilar lo que sentí y siento por vos en este tiempo, en especial los últimos meses... Necesito hacerlo ahora antes de perder las palabras hasta que pueda verte de nuevo... No creo usar las palabras de la mejor manera igual, pero es algo pesado para mí... Empezando por la primera vez que te vi siendo como eras realmente, lejos de las influencias de los demás, dirigiendo y haciendo lo que más querías hacer, fue difícil controlarme... Por mucho robabas por completo mi atención, tus ojos que tienen un brillo especial, como una llama, determinada, detrás de esa fortaleza irrompible que sos o demostrás ser... Una personalidad tan dura, me dije, sólo puede ocultar los secretos más grandes y tener el corazón más apasionado... Cada una de las ligeras curvas de tu cuerpo, que tiene un aspecto tan delicado y frágil, a penas notable debajo de la coraza de tu forma de ser, aun ayer me llamaban y me era increíblemente difícil no buscar tus ojos, ni estremecerme al sentirte pasar al lado mio... Durante mucho tiempo te pensé, y las pocas veces que pude probar tus besos, desataban una locura en mi interior, unas ganas de abandonar la cordura y mantenerte atrapada en mis brazos...y vos, siendo la voz de la razón, nos separabas... Durante el tiempo alejados te imaginaba conmigo, incluso te soñaba, fantaseaba con la posibilidad de verte, y más que verte... Aun así, el miedo de perderlo todo era mucho, qué tonto es realmente... Y luego de una eternidad, estuvimos más cerca que nunca... Fue algo tan de pronto, que estuve abrumado por lo que sentía, luego de tanto tiempo lejos tuyo no podía pensar con claridad al tenerte así, quería estar cerca tuyo todo lo que pudiera, realmente sabia que quizás no duraría... Va a sonar que exagero, o me esfuerzo demasiado al hablar así, pero realmente todo se hizo muy místico y cosas que no veía se hacía muy claras al observarte perdida en los placeres que compartíamos... tu cuerpo se volvía de marfil, una escultura viva y majestuosa, una musa divina... la forma humana del arte y la belleza... Una artista verdadera haciendo el amor... Verte y sentirte pegada a mí, sumida en el orgasmo es algo único y mágico en este mundo... Una sensación, que una cosa más grande que nosotros se liberaba en el mundo, magnánima... Tus labios se abrían para dejar escapar los sonidos más eróticos jamás escuchados, tus manos que me agarran acercándome más a ti... No puedo dejar de verte y pensar que sos la obra más majestuosa y exquisita... El contacto con tu suave piel es tan maravilloso y excitante, muero por acariciarte y besarte de tu rostro hasta la punta de tus dedos... Incluso si nuestras conversaciones consiguientes se ven incómodas, inconclusas o inexistentes... El cariño que demostramos dice más que las palabras... Y compartimos muchísimo, una parte del corazón de uno está en el otro... Luego vino el dolor, realmente me puse a pensar en que tengo a alguien por quien luchar, una luz a la qué aferrarme, era mi deseo, o mi necesidad mas bien... Pero no era así cómo lo veías... Yo también tuve problemas, y debo aclarar cómo era para mí... La presión y el tiempo son insoportables, tener el peso de que te alejaras, sumado a la constante caída del rededor... La depresión empezaba a ganarme, todo movimiento te duele, tratas de escapar de la vida con distracciones, pero sabés que tenés que volver a salir, y enfrentarte a muchos más rechazos... Y cuando surgió esta posibilidad de quizás dar un paso al frente luego de mil atrás, quise acercarme un poco a vos de nuevo, disculparme y agradecerte por todo lo que sé fue difícil para vos... E incluso si me iba a ir al día siguiente, no quisiste estar conmigo en absoluto... No supe cómo acercarme ya a vos para tener la oportunidad de decirte esto... Y dolió, pero lo entiendo... Tenés todas las razones en el mundo... Hago de todo tanto, tan largo, y no hay punto... Sólo que aun si no ves un futuro, con el cuál aun soñaré, que el pasado que tuvimos fue algo muy especial e increíble... Gracias por ayudarme cuando más lo necesitaba, perdón por mi incapacidad de pensar con claridad y sobriedad, ser tan orgulloso, imposible de tratar, falto de tacto, y mis muchas faltas que te causaran desesperación o hasta daño... Muchas gracias también por dejarme experimentar esas emociones tan sobrecogedoras contigo, que sepas que siempre te guardaré con amor... Tenía pensado escribir mucho más, sobre las veces que me quedaba viéndote mientras estabas concentrada en tu pasión, o aquella salida, que sigo recordando cómo si hubiéramos sido novios por ese día, pero no quiero llenar con tantos comentarios, que de por sí ya lo hice... Si es que nos separamos definitivamente de nuestras vidas por una razón u otra, espero verte en una extremadamente cliché estación de trenes, en una indeseable calle, o en un preferible restaurante... Te quiero...